Crónica Bélica - Evolución de la guerra
GUERRA total: EEUU e ISRAEL atacan IRÁN — la mayor OFENSIVA militar en Oriente Medio desde Irak
Internacional

GUERRA total: EEUU e ISRAEL atacan IRÁN — la mayor OFENSIVA militar en Oriente Medio desde Irak

por Redacción Crónica Bélica·18 min·28 Febrero 2026
Desliza para leer
Blog
2/30

El 28 de febrero de 2026 quedará grabado en los libros de historia como el día en que la larga guerra en las sombras entre Israel e Irán se convirtió en un conflicto abierto con participación directa de Estados Unidos. En las primeras horas de la madrugada, docenas de aeronaves y misiles cruzaron el espacio aéreo de Oriente Medio en dirección a objetivos militares, gubernamentales y nucleares iraníes, inaugurando una nueva y peligrosa era en la geopolítica regional. Lo que durante meses había sido una escalada gradual —ataques de represalia, despliegues navales, rondas de negociación fallidas— cristalizó de forma súbita en una campaña militar a gran escala que el presidente Donald Trump se apresuró a justificar ante las cámaras como una operación destinada a 'defender al pueblo americano eliminando amenazas inminentes del régimen iraní'.

Humo sobre el Golfo Persico tras el cierre del Estrecho de Ormuz. Febrero 2026.
Blog
3/30

Humo sobre el Golfo Persico tras el cierre del Estrecho de Ormuz. Febrero 2026.

© Descifrando la Guerra / Telegram

Blog
4/30

El contexto inmediato de la ofensiva no podía ser más cargado de tensión. Apenas veinticuatro horas antes de que comenzaran los bombardeos, diplomáticos estadounidenses e iraníes habían concluido en Ginebra la tercera ronda de negociaciones de este mes, mediadas por Omán, en lo que muchos analistas describieron como el 'último intento desesperado' de evitar la guerra. El canciller omaní Badr al-Busaidi comunicó que se habían producido 'avances significativos', pero la realidad sobre el terreno contó una historia diferente: mientras los negociadores hablaban, el Pentágono continuaba acumulando la mayor concentración de poder militar estadounidense en la región desde la invasión de Irak en 2003.

Blog
5/30

De Ginebra al campo de batalla: cómo fracasó la diplomacia

Las conversaciones de Ginebra del 27 de febrero representaron la cúspide de un proceso diplomático que, en retrospectiva, nunca tuvo suficiente masa crítica para detener la maquinaria militar que se ponía en marcha en paralelo. La delegación estadounidense, encabezada por el enviado especial Steve Witkoff y Jared Kushner, yerno del presidente Trump, se sentó frente al ministro de Asuntos Exteriores iraní Abbas Aragchi en un formato mediado por la experimentada diplomacia omaní. Era el tercer encuentro del mes, señal de una urgencia real pero también de la dificultad para salvar las diferencias de fondo.

Movimiento de fuerzas aliadas hacia el Golfo Persico.
Blog
6/30

Movimiento de fuerzas aliadas hacia el Golfo Persico.

© Noticias Militares Canal

Blog
7/30

La cuestión nuclear iraní seguía siendo el nudo gordiano de las negociaciones. Teherán exigía garantías de seguridad y el levantamiento de sanciones antes de comprometerse a cualquier limitación verificable de su programa de enriquecimiento de uranio. Washington, por su parte, insistía en restricciones inmediatas y en acceso irrestricto de los inspectores internacionales como condición previa a cualquier alivio económico. La distancia entre ambas posiciones, a pesar de los optimistas comunicados del mediador omaní, seguía siendo enorme. Cuando el ministro Aragchi regresó a Teherán, la ventana diplomática se cerró de golpe.

Blog
8/30
"
'A lo largo de los años se ha demostrado que no es fácil llegar a un acuerdo significativo con Irán, y tenemos que lograrlo. De lo contrario, ocurrirán cosas malas.' — Donald Trump, días antes del inicio de las operaciones militares
"
Blog
9/30

La advertencia de Trump no era retórica. El presidente estadounidense llevaba semanas dejando claro que la opción militar era real y que el tiempo se agotaba. Sus asesores, según fuentes cercanas a la Casa Blanca, le habían presentado un abanico de opciones que iban desde ataques quirúrgicos contra las defensas aéreas iraníes hasta operaciones de decapitación dirigidas contra el liderazgo del régimen, incluido el líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei. La pregunta no era si EEUU actuaría, sino cuándo y con qué intensidad.

Blog
10/30

El mayor despliegue militar estadounidense en Oriente Medio desde 2003

Semanas antes del inicio de las operaciones, el Pentágono había comenzado a mover piezas en un tablero regional que no veía semejante concentración de fuerza desde los prolegómenos de la invasión de Irak. El despliegue incluyó dos grupos de ataque de portaaviones —formaciones navales que constituyen el exponente más visible del poder de proyección estadounidense— junto con escuadrones adicionales de aeronaves de combate, buques de superficie equipados con misiles de crucero Tomahawk, y activos de guerra electrónica y vigilancia. El USS Gerald R. Ford, portaaviones de la clase más moderna en servicio en la Armada estadounidense, había arribado a las costas de Israel en los días previos al inicio de las hostilidades, en un gesto que combinaba el apoyo explícito a Tel Aviv con una señal inequívoca de determinación hacia Teherán.

La lógica detrás de este despliegue masivo era múltiple. Por un lado, servía como palanca de presión en las negociaciones: demostrar a Teherán que Washington hablaba en serio. Por otro, constituía la infraestructura operativa necesaria para ejecutar una campaña aérea sostenida contra objetivos distribuidos por todo el territorio iraní, muchos de ellos protegidos por montañas, hormigón reforzado y sistemas de defensa antiaérea de fabricación rusa. Pero había un tercer elemento: la cobertura defensiva de Israel frente a una represalia iraní que, a diferencia de episodios anteriores, prometía ser masiva y sin restricciones de escala.

Blog
11/30

Israel, por su parte, había comenzado a tomar medidas de precaución que revelaban la inminencia del conflicto. Las autoridades aeronáuticas del país iniciaron la evacuación de aeronaves civiles fuera del territorio nacional en coordinación con el Ministerio de Transportes. Las operaciones de traslado se realizaron desde el Aeropuerto Internacional Ben Gurion y, en una fase posterior, también desde el Aeropuerto de Haifa, aunque este segundo proceso continuaba en curso al cierre de esta edición. La medida, sin precedentes en su alcance, evidenciaba que Tel Aviv se preparaba para absorber un contraataque de proporciones significativas.

Blog
12/30

La Operación Martillo de Medianoche y sus consecuencias: antecedentes inmediatos

Para entender el 28 de febrero de 2026 es imprescindible remontarse a junio de 2025, cuando Estados Unidos ejecutó la llamada Operación Martillo de Medianoche, una serie de ataques de precisión contra tres instalaciones nucleares iraníes clave: Fordow, Natanz y una tercera cuya identidad no ha sido confirmada públicamente. Aquella operación, concebida inicialmente como apoyo a una campaña israelí ya en marcha, puso de manifiesto algo que los analistas de defensa sospechaban desde hacía tiempo: que las defensas aéreas iraníes, pese a su tamaño y relativa modernización, presentaban vulnerabilidades sistémicas que podían ser explotadas por la aviación estadounidense e israelí.

La reacción iraní a aquella primera campaña fue más contenida de lo esperado. Teherán lanzó represalias, pero limitadas en comparación con la magnitud del ataque recibido. Sin embargo, la lección que extrajo el régimen fue cristalina: necesitaba reforzar urgentemente sus capacidades antiaéreas. Fue en ese contexto donde entró en escena Moscú, consolidando un eje de cooperación militar que llevaba meses fraguándose en la discreción de canales diplomáticos paralelos.

Blog
13/30

El acuerdo ruso-iraní, filtrado al Financial Times y confirmado posteriormente por fuentes gubernamentales europeas, fue recibido con alarma en Washington e Israel. El suministro de sistemas de defensa antiaérea rusos —presumiblemente de la familia S-400 o variantes de exportación— a Irán no solo complicaba la planificación operativa de cualquier futura campaña aérea, sino que enviaba una señal política inequívoca: Moscú no permitiría que su socio iraní fuera sometido sin resistencia. La pregunta que se hacían los estrategas en el Pentágono y en Tel Aviv era si los sistemas rusos habrían llegado a tiempo y habrían sido integrados suficientemente en la red de defensa aérea iraní antes del inicio de los ataques.

Blog
14/30

Los ataques del 28 de febrero: lo que se sabe

El inicio formal de la nueva campaña militar tuvo lugar en las primeras horas del 28 de febrero de 2026. Decenas de ataques aéreos golpearon distintos puntos del territorio iraní, apuntando a objetivos de naturaleza militar y gubernamental en lo que las fuentes disponibles describen como una campaña coordinada de mayor envergadura que la Operación Martillo de Medianoche. El presidente Trump emitió un mensaje en vídeo anunciando el inicio de las operaciones, invocando la necesidad de 'defender al pueblo americano' ante amenazas del régimen iraní.

Entre los objetivos confirmados o ampliamente reportados se encuentra la base subterránea de misiles conocida como Haidar Karrar, ubicada en la cordillera de Alborz, en las proximidades de Teherán. Las imágenes y vídeos difundidos horas después del ataque mostraban grandes explosiones y nubes de escombros consistentes con el uso de munición de penetración profunda, diseñada precisamente para neutralizar instalaciones militares subterráneas o semienterradas en roca maciza. La destrucción o degradación de esta base, que alberga capacidades balísticas de medio y largo alcance, habría sido una prioridad en cualquier planificación operativa, dado que desde allí podrían lanzarse misiles contra Israel, bases estadounidenses en la región o incluso objetivos en Europa.

Blog
15/30

Otro vector de la campaña apuntó directamente al corazón del mando militar iraní. Según una fuente cercana al establishment político de Teherán citada por el corresponsal de seguridad nacional de Reuters, Phil Stewart, varios altos comandantes de los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) y funcionarios políticos de primer nivel perdieron la vida durante los ataques conjuntos. Si se confirman, estas bajas en el liderazgo militar iraní representarían uno de los golpes más severos infligidos al aparato de mando del régimen desde el asesinato del general Qasem Soleimani en 2020, y situarían esta operación en una categoría estratégica cualitativamente diferente.

Blog
16/30
"
Varios altos comandantes del IRGC y funcionarios políticos de primer nivel habrían perdido la vida durante los ataques conjuntos, según fuentes cercanas al establishment político de Teherán citadas por Reuters. Si se confirman, serían las bajas más significativas en el mando iraní desde el asesinato de Soleimani.
"
Blog
17/30

La campaña no se limitó al territorio iraní. Israel llevó a cabo un ataque con misiles contra posiciones de milicias respaldadas por Irán en Irak, en lo que los analistas interpretan como un esfuerzo deliberado por degradar las capacidades del denominado 'Eje de Resistencia' —la constelación de grupos paramilitares que Teherán financia, arma y entrena en toda la región— antes de que pudieran activarse para ejecutar represalias. El uso del misil Blue Sparrow, un sistema balístico aire-tierra de medio alcance desarrollado por la industria de defensa israelí, fue documentado a través de los restos recuperados en territorio iraquí. Este misil, diseñado originalmente para simular amenazas balísticas en ejercicios de defensa aérea, ha sido adaptado para misiones ofensivas de precisión.

Blog
18/30

El frente interno iraní: fisuras en el régimen

La presión militar externa coincide con una situación interna iraní de creciente fragilidad. En paralelo a los ataques del 28 de febrero, cinco grupos políticos kurdos del Kurdistán iraní anunciaron la formación de la Coalición de Fuerzas Políticas del Kurdistán Iraní (CFPKI), un frente unificado de oposición al gobierno de la República Islámica. La convergencia de estas organizaciones —históricamente divididas por diferencias ideológicas y rivalidades internas— bajo un paraguas común añade una capa de presión interna al régimen en un momento de máxima vulnerabilidad externa.

La formación de la CFPKI no es un fenómeno espontáneo. Refleja años de represión sistemática de las minorías étnicas en Irán y, más inmediatamente, el cálculo político de que las operaciones militares externas abren una ventana de oportunidad para presionar al régimen desde dentro. Las regiones de mayoría kurda en el noroeste de Irán han sido históricamente zonas de baja estabilidad para Teherán, y cualquier degradación de la capacidad operativa del IRGC —que históricamente ha sido el brazo ejecutor de la política de control interno— podría traducirse en un resurgimiento de la actividad de estos grupos en el terreno.

Blog
19/30

El escenario de un Irán presionado simultáneamente desde el exterior por la potencia militar de EEUU e Israel y desde el interior por movimientos de oposición étnica y política es el que más inquieta a los analistas de estabilidad regional. Un régimen acorralado tiende a radicalizar sus respuestas, y Teherán conserva palancas de escalada que todavía no ha activado plenamente: sus proxies en el Líbano —Hezbolá—, en Yemen —los Houthis— y en Gaza, así como su capacidad para interrumpir el tráfico naval en el Estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente el 20% del petróleo mundial.

Blog
20/30

Los actores secundarios: Rusia, China, Arabia Saudí y el Reino Unido

Ninguna crisis de esta magnitud puede analizarse aislando a sus protagonistas principales del ecosistema geopolítico más amplio en el que operan. Rusia ha apostado claramente por el bando iraní, sellando el acuerdo de armamento de diciembre de 2025 que representa el nivel más alto de cooperación militar entre Moscú y Teherán en décadas. Para el Kremlin, el debilitamiento del poder estadounidense en Oriente Medio —o la distracción que supone para Washington una guerra en la región— es un beneficio estratégico en sí mismo, independientemente de cualquier consideración ideológica sobre el régimen iraní. La pregunta que rodea al acuerdo de armamento ruso-iraní es si los sistemas entregados estaban ya operativos y si fueron capaces de interceptar parte de los ataques del 28 de febrero.

China, por su parte, mantiene una posición más ambigua. Pekín tiene intereses económicos de primer orden en Irán —es el mayor comprador de petróleo iraní y un inversor estratégico en infraestructura bajo el paraguas de la Ruta de la Seda— pero también mantiene una extensa red de relaciones comerciales con los países del Golfo árabe y no puede permitirse una ruptura con Occidente en el actual contexto de competición tecnológica y comercial. El gobierno chino ha llamado al diálogo y la desescalada, pero sin adoptar iniciativas concretas que pongan en riesgo sus relaciones con ninguna de las partes.

Blog
21/30

Arabia Saudí ocupa una posición particularmente delicada. Riad comparte con Israel el temor estratégico a una Irán nuclear y ha estado explorando discretamente una normalización de relaciones con Tel Aviv bajo el paraguas de los Acuerdos de Abraham. Al mismo tiempo, el reino wahhabí no puede ignorar la sensibilidad de su opinión pública y del mundo árabe ante la imagen de un ataque conjunto israelo-estadounidense en la región. El gobierno saudí ha mantenido silencio público, pero según fuentes diplomáticas, habría facilitado discretamente el acceso a su espacio aéreo para algunas de las operaciones. De confirmarse, sería un salto cualitativo en el alineamiento de Riad con el eje occidental.

El Reino Unido, aliado tradicional de EEUU en operaciones militares en la región, ha adoptado una postura más cautelosa que en episodios anteriores. Londres ha reiterado su apoyo al derecho de Israel a defenderse y ha expresado su preocupación por el programa nuclear iraní, pero no ha confirmado participación directa en las operaciones del 28 de febrero. La actitud británica refleja tanto las limitaciones presupuestarias de unas fuerzas armadas sometidas a años de recortes como la complejidad política interna de comprometerse abiertamente en otro conflicto en Oriente Medio sin el respaldo del Parlamento.

Blog
22/30

Dimensión tecnológica: la guerra de las armas avanzadas

La campaña militar del 28 de febrero no es solo un enfrentamiento entre estados, sino un campo de pruebas real para algunas de las tecnologías de defensa más avanzadas del mundo. Israel ha empleado el misil Blue Sparrow —documentado por los restos recuperados en Irak— en lo que parece ser un uso ofensivo de un sistema diseñado originalmente para simular blancos balísticos. Este tipo de reclasificación táctica de sistemas existentes es una constante en los conflictos modernos y refleja la necesidad de las fuerzas armadas israelíes de mantener cierto grado de ambigüedad sobre sus capacidades reales.

En el plano defensivo, la evacuación de la flota civil israelí sugiere que Tel Aviv anticipa ataques de represalia con misiles balísticos iraníes o drones capaces de alcanzar el territorio israelí. El sistema de defensa multicapa israelí —que combina el Iron Dome para amenazas de corto alcance, el David's Sling para amenazas de medio alcance y el Arrow-3 para misiles balísticos de largo alcance— será puesto a prueba como nunca antes si Irán responde con todo su arsenal balístico disponible. Estados Unidos ha desplegado también baterías Patriot PAC-3 adicionales en la región, tanto en Israel como en bases aliadas del Golfo, para complementar las capacidades defensivas israelíes.

Blog
23/30

Un elemento que merece atención especial es la inteligencia artificial aplicada a las operaciones militares. Aunque el conflicto específico EEUU-Irán-Israel no está directamente vinculado a la disputa entre el Pentágono y la empresa Anthropic, el contencioso sobre los límites del uso de IA en operaciones de combate —y en particular en sistemas de armas autónomas— adquiere una dimensión práctica en un conflicto de esta intensidad. El Departamento de Defensa ha apostado claramente por integrar capacidades de IA en su proceso de targeting, análisis de inteligencia en tiempo real y coordinación de sistemas de armas, y esa apuesta se está poniendo a prueba en las operaciones actuales. La negativa de Anthropic a permitir el uso irrestricto de su modelo Claude en aplicaciones militares, que culminó con su designación como 'riesgo en la cadena de suministro' por el secretario de Defensa Pete Hegseth, ilustra las tensiones éticas y estratégicas que rodean la militarización de la inteligencia artificial en un contexto de conflicto real.

En el plano de los sistemas navales autónomos, la entrega por parte de Israel Aerospace Industries (IAI) del primer submarino autónomo BlueWhale a la Armada alemana —en lo que fue una operación de cooperación industrial con la empresa Atlas, filial del grupo TKMS— señala la dirección en la que evoluciona la guerra naval. Aunque este sistema no está directamente involucrado en el conflicto iraní, su desarrollo ilustra el ritmo al que las principales potencias militares están invirtiendo en plataformas no tripuladas para operar en entornos de alta amenaza. Para la marina israelí, que opera submarinos convencionales de la clase Dolphin —también fabricados por TKMS— en el Mar Rojo y potencialmente en el Golfo Pérsico, la experiencia acumulada en sistemas autónomos puede resultar relevante en las fases sucesivas del conflicto.

Blog
24/30

Escenarios posibles: de la desescalada al conflicto regional

Con el inicio de las operaciones militares del 28 de febrero, el tablero estratégico de Oriente Medio ha entrado en una zona de incertidumbre sin precedentes en las últimas décadas. Los analistas de defensa contemplan varios escenarios posibles, ordenados de menor a mayor intensidad, que marcarán la evolución del conflicto en las próximas semanas y meses.

El primer escenario, que podríamos denominar de 'derrota rápida y rendición estratégica', contempla la posibilidad de que los ataques del 28 de febrero hayan degradado de forma tan severa las capacidades militares y el liderazgo iraní que el régimen se vea forzado a negociar en condiciones desfavorables. Este escenario requeriría la eliminación efectiva de un número suficiente de altos mandos del IRGC, la destrucción de los principales centros de comando y control, y la incapacitación de los sistemas de misiles balísticos que constituyen la principal amenaza de represalia. Aunque los informes sobre bajas en el liderazgo iraní son prometedores desde el punto de vista israelí-estadounidense, la historia de Oriente Medio invita a la cautela: los regímenes con estructuras descentralizadas y alta ideologización tienden a mantener su capacidad de resistencia incluso bajo presión extrema.

Blog
25/30

El segundo escenario es el de una 'guerra de desgaste prolongada'. Irán activa a sus proxies regionales de forma coordinada —Hezbolá desde el Líbano, milicias iraquíes desde territorio iraquí, Houthis desde Yemen— obligando a Israel y EEUU a dispersar sus capacidades defensivas en múltiples frentes simultáneos. Este es el escenario que más temen los planificadores militares en Tel Aviv y en el CENTCOM (Central Command), porque convierte una operación de objetivos limitados en una guerra de gran intensidad con múltiples vectores de amenaza. La evacuación preventiva de aeronaves civiles israelíes sugiere que este escenario está siendo considerado como altamente probable.

El tercer escenario, el más grave, implicaría una escalada hacia el cierre del Estrecho de Ormuz por parte de las fuerzas navales iraníes y los Guardianes de la Revolución. Con aproximadamente el 20% del suministro mundial de petróleo transitando por ese paso marítimo, cualquier interrupción del tráfico tendría consecuencias económicas globales inmediatas: disparada de los precios del crudo, presión sobre economías importadoras de energía en Europa y Asia, y una crisis de suministro que podría escalar tensiones políticas en múltiples capitales simultáneamente. La Quinta Flota estadounidense con base en Baréin y los grupos de ataque de portaaviones desplegados constituyen un elemento disuasorio frente a este escenario, pero no pueden descartarse operaciones de denegación de acceso por parte de Irán utilizando minas, lanchas rápidas y misiles antibuque.

Blog
26/30

El cuarto escenario contempla la posibilidad de que Irán, ante la magnitud del golpe recibido, opte por negociar bajo presión. Esta vía requiere la supervivencia de interlocutores con suficiente autoridad dentro del régimen y la existencia de una vía diplomática creíble que permita a Teherán guardar las apariencias. El papel de Omán —que ya ha mediado en rondas previas— y potencialmente de China, que mantiene canales de comunicación con Irán, podría ser determinante. Para que este escenario prospere, EEUU e Israel tendrían que estar dispuestos a ofrecer algún tipo de 'salida honrosa' al régimen iraní, algo que la retórica actual de ambos gobiernos hace difícil de imaginar en el corto plazo.

El quinto y más preocupante escenario involucra la posibilidad, hasta ahora no contemplada públicamente, de que el régimen iraní decida activar lo que algunos analistas denominan la 'opción nuclear de último recurso': acelerar la producción de suficiente material fisionable para construir uno o varios dispositivos nucleares rudimentarios como elemento de disuasión de emergencia. Aunque los ataques contra Fordow, Natanz y otras instalaciones en junio de 2025 habrían retrasado significativamente el programa nuclear iraní, la destrucción total de las capacidades de enriquecimiento nunca fue confirmada oficialmente. Si Teherán percibe que su supervivencia como régimen está en juego, la racionalidad estratégica convencional deja de ser una guía fiable para predecir su comportamiento.

Blog
27/30
"
Si Teherán percibe que su supervivencia como régimen está en juego, la racionalidad estratégica convencional deja de ser una guía fiable para predecir su comportamiento. El escenario de una aceleración nuclear iraní como disuasión de emergencia no puede descartarse.
"
Blog
28/30

La comunidad internacional observa con alarma creciente la velocidad a la que se están sucediendo los acontecimientos. La ONU ha convocado una sesión de emergencia del Consejo de Seguridad, aunque las posibilidades de que ese foro produzca resultados concretos son limitadas dado el veto ruso —y posiblemente chino— a cualquier resolución que respalde las acciones estadounidenses e israelíes. La Unión Europea, que ha mantenido durante años una política de compromiso diplomático con Irán dentro del marco del JCPOA —el acuerdo nuclear de 2015—, se encuentra en una posición especialmente incómoda: sus miembros más atlantistas apoyan en privado el objetivo de impedir que Irán adquiera armas nucleares, pero ningún gobierno europeo está en posición de respaldar abiertamente una guerra no sancionada por el Consejo de Seguridad.

Para Israel, la campaña en curso representa la materialización de una doctrina estratégica que el gobierno de Netanyahu ha sostenido durante años: que el programa nuclear iraní constituye una amenaza existencial para el Estado judío y que ningún proceso diplomático será capaz de resolverla de forma permanente. El primer ministro Netanyahu ha construido gran parte de su legado político en torno a esta tesis, y la participación directa de EEUU bajo la administración Trump le permite actuar con una cobertura internacional y una capacidad militar combinada sin precedentes en la historia del Estado de Israel. La pregunta que muchos israelíes se hacen en privado es si el precio de esta campaña —en términos de represalias sobre el territorio israelí y de aislamiento diplomático— resultará asumible para una sociedad que lleva años viviendo bajo la tensión del conflicto.

Blog
29/30

El 28 de febrero de 2026 marca, en cualquier caso, un punto de no retorno. La larga guerra en las sombras entre Israel e Irán —librada durante décadas a través de asesinatos selectivos, sabotajes de centrifugadoras, operaciones de ciberguerra y apoyo a proxies— ha cruzado el umbral hacia una confrontación directa con participación estadounidense abierta. Las implicaciones de este salto cualitativo tardarán años en comprenderse plenamente, pero sus efectos inmediatos se medirán en las próximas horas y días: en las imágenes de misiles cruzando el cielo nocturno sobre Teherán, en los reportes sobre actividad de Hezbolá en la frontera norte de Israel, en el precio del barril de petróleo en los mercados internacionales, y en las decisiones que se tomarán en las salas de crisis de Washington, Moscú, Pekín y Riad mientras el mundo contiene la respiración.

CB

Fin del reportaje

GUERRA total: EEUU e ISRAEL atacan IRÁN — la mayor OFENSIVA militar en Oriente Medio desde Irak

ComentariosVolver al blog
Internacional18 min de lectura

GUERRA total: EEUU e ISRAEL atacan IRÁN — la mayor OFENSIVA militar en Oriente Medio desde Irak

Redacción Crónica Bélica · 28 Febrero 2026
Imagen: © Descifrando la Guerra

El 28 de febrero de 2026 quedará grabado en los libros de historia como el día en que la larga guerra en las sombras entre Israel e Irán se convirtió en un conflicto abierto con participación directa de Estados Unidos. En las primeras horas de la madrugada, docenas de aeronaves y misiles cruzaron el espacio aéreo de Oriente Medio en dirección a objetivos militares, gubernamentales y nucleares iraníes, inaugurando una nueva y peligrosa era en la geopolítica regional. Lo que durante meses había sido una escalada gradual —ataques de represalia, despliegues navales, rondas de negociación fallidas— cristalizó de forma súbita en una campaña militar a gran escala que el presidente Donald Trump se apresuró a justificar ante las cámaras como una operación destinada a 'defender al pueblo americano eliminando amenazas inminentes del régimen iraní'.

Humo sobre el Golfo Persico tras el cierre del Estrecho de Ormuz. Febrero 2026.
Humo sobre el Golfo Persico tras el cierre del Estrecho de Ormuz. Febrero 2026.© Descifrando la Guerra / Telegram

El contexto inmediato de la ofensiva no podía ser más cargado de tensión. Apenas veinticuatro horas antes de que comenzaran los bombardeos, diplomáticos estadounidenses e iraníes habían concluido en Ginebra la tercera ronda de negociaciones de este mes, mediadas por Omán, en lo que muchos analistas describieron como el 'último intento desesperado' de evitar la guerra. El canciller omaní Badr al-Busaidi comunicó que se habían producido 'avances significativos', pero la realidad sobre el terreno contó una historia diferente: mientras los negociadores hablaban, el Pentágono continuaba acumulando la mayor concentración de poder militar estadounidense en la región desde la invasión de Irak en 2003.

De Ginebra al campo de batalla: cómo fracasó la diplomacia

Las conversaciones de Ginebra del 27 de febrero representaron la cúspide de un proceso diplomático que, en retrospectiva, nunca tuvo suficiente masa crítica para detener la maquinaria militar que se ponía en marcha en paralelo. La delegación estadounidense, encabezada por el enviado especial Steve Witkoff y Jared Kushner, yerno del presidente Trump, se sentó frente al ministro de Asuntos Exteriores iraní Abbas Aragchi en un formato mediado por la experimentada diplomacia omaní. Era el tercer encuentro del mes, señal de una urgencia real pero también de la dificultad para salvar las diferencias de fondo.

Movimiento de fuerzas aliadas hacia el Golfo Persico.
Movimiento de fuerzas aliadas hacia el Golfo Persico.© Noticias Militares Canal
Portaaviones de la US Navy en el Mar Arabigo.
Portaaviones de la US Navy en el Mar Arabigo.© Entre Guerras / Telegram

La cuestión nuclear iraní seguía siendo el nudo gordiano de las negociaciones. Teherán exigía garantías de seguridad y el levantamiento de sanciones antes de comprometerse a cualquier limitación verificable de su programa de enriquecimiento de uranio. Washington, por su parte, insistía en restricciones inmediatas y en acceso irrestricto de los inspectores internacionales como condición previa a cualquier alivio económico. La distancia entre ambas posiciones, a pesar de los optimistas comunicados del mediador omaní, seguía siendo enorme. Cuando el ministro Aragchi regresó a Teherán, la ventana diplomática se cerró de golpe.

"

'A lo largo de los años se ha demostrado que no es fácil llegar a un acuerdo significativo con Irán, y tenemos que lograrlo. De lo contrario, ocurrirán cosas malas.' — Donald Trump, días antes del inicio de las operaciones militares

La advertencia de Trump no era retórica. El presidente estadounidense llevaba semanas dejando claro que la opción militar era real y que el tiempo se agotaba. Sus asesores, según fuentes cercanas a la Casa Blanca, le habían presentado un abanico de opciones que iban desde ataques quirúrgicos contra las defensas aéreas iraníes hasta operaciones de decapitación dirigidas contra el liderazgo del régimen, incluido el líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei. La pregunta no era si EEUU actuaría, sino cuándo y con qué intensidad.

El mayor despliegue militar estadounidense en Oriente Medio desde 2003

Semanas antes del inicio de las operaciones, el Pentágono había comenzado a mover piezas en un tablero regional que no veía semejante concentración de fuerza desde los prolegómenos de la invasión de Irak. El despliegue incluyó dos grupos de ataque de portaaviones —formaciones navales que constituyen el exponente más visible del poder de proyección estadounidense— junto con escuadrones adicionales de aeronaves de combate, buques de superficie equipados con misiles de crucero Tomahawk, y activos de guerra electrónica y vigilancia. El USS Gerald R. Ford, portaaviones de la clase más moderna en servicio en la Armada estadounidense, había arribado a las costas de Israel en los días previos al inicio de las hostilidades, en un gesto que combinaba el apoyo explícito a Tel Aviv con una señal inequívoca de determinación hacia Teherán.

Despliegue Naval de EEUU en Oriente Medio2 Carrier Strike GroupsEl Pentágono desplegó dos grupos de ataque de portaaviones en el Mediterráneo oriental y el Mar Arábigo, el mayor despliegue naval estadounidense en la región desde la guerra de Irak de 2003. El USS Gerald R. Ford operó en coordinación directa con las fuerzas israelíes desde posiciones frente a las costas del Levante.

La lógica detrás de este despliegue masivo era múltiple. Por un lado, servía como palanca de presión en las negociaciones: demostrar a Teherán que Washington hablaba en serio. Por otro, constituía la infraestructura operativa necesaria para ejecutar una campaña aérea sostenida contra objetivos distribuidos por todo el territorio iraní, muchos de ellos protegidos por montañas, hormigón reforzado y sistemas de defensa antiaérea de fabricación rusa. Pero había un tercer elemento: la cobertura defensiva de Israel frente a una represalia iraní que, a diferencia de episodios anteriores, prometía ser masiva y sin restricciones de escala.

Israel, por su parte, había comenzado a tomar medidas de precaución que revelaban la inminencia del conflicto. Las autoridades aeronáuticas del país iniciaron la evacuación de aeronaves civiles fuera del territorio nacional en coordinación con el Ministerio de Transportes. Las operaciones de traslado se realizaron desde el Aeropuerto Internacional Ben Gurion y, en una fase posterior, también desde el Aeropuerto de Haifa, aunque este segundo proceso continuaba en curso al cierre de esta edición. La medida, sin precedentes en su alcance, evidenciaba que Tel Aviv se preparaba para absorber un contraataque de proporciones significativas.

La Operación Martillo de Medianoche y sus consecuencias: antecedentes inmediatos

Para entender el 28 de febrero de 2026 es imprescindible remontarse a junio de 2025, cuando Estados Unidos ejecutó la llamada Operación Martillo de Medianoche, una serie de ataques de precisión contra tres instalaciones nucleares iraníes clave: Fordow, Natanz y una tercera cuya identidad no ha sido confirmada públicamente. Aquella operación, concebida inicialmente como apoyo a una campaña israelí ya en marcha, puso de manifiesto algo que los analistas de defensa sospechaban desde hacía tiempo: que las defensas aéreas iraníes, pese a su tamaño y relativa modernización, presentaban vulnerabilidades sistémicas que podían ser explotadas por la aviación estadounidense e israelí.

La reacción iraní a aquella primera campaña fue más contenida de lo esperado. Teherán lanzó represalias, pero limitadas en comparación con la magnitud del ataque recibido. Sin embargo, la lección que extrajo el régimen fue cristalina: necesitaba reforzar urgentemente sus capacidades antiaéreas. Fue en ese contexto donde entró en escena Moscú, consolidando un eje de cooperación militar que llevaba meses fraguándose en la discreción de canales diplomáticos paralelos.

Acuerdo Rusia-Irán de Armamento500 millones de eurosRusia e Irán firmaron en diciembre de 2025 un acuerdo secreto por el que Moscú se comprometía a suministrar armamento por valor de 500 millones de euros, incluyendo sistemas de defensa antiaérea. El pacto, negociado tras la Operación Martillo de Medianoche, no trascendió públicamente hasta que fue filtrado al Financial Times.

El acuerdo ruso-iraní, filtrado al Financial Times y confirmado posteriormente por fuentes gubernamentales europeas, fue recibido con alarma en Washington e Israel. El suministro de sistemas de defensa antiaérea rusos —presumiblemente de la familia S-400 o variantes de exportación— a Irán no solo complicaba la planificación operativa de cualquier futura campaña aérea, sino que enviaba una señal política inequívoca: Moscú no permitiría que su socio iraní fuera sometido sin resistencia. La pregunta que se hacían los estrategas en el Pentágono y en Tel Aviv era si los sistemas rusos habrían llegado a tiempo y habrían sido integrados suficientemente en la red de defensa aérea iraní antes del inicio de los ataques.

Los ataques del 28 de febrero: lo que se sabe

El inicio formal de la nueva campaña militar tuvo lugar en las primeras horas del 28 de febrero de 2026. Decenas de ataques aéreos golpearon distintos puntos del territorio iraní, apuntando a objetivos de naturaleza militar y gubernamental en lo que las fuentes disponibles describen como una campaña coordinada de mayor envergadura que la Operación Martillo de Medianoche. El presidente Trump emitió un mensaje en vídeo anunciando el inicio de las operaciones, invocando la necesidad de 'defender al pueblo americano' ante amenazas del régimen iraní.

Entre los objetivos confirmados o ampliamente reportados se encuentra la base subterránea de misiles conocida como Haidar Karrar, ubicada en la cordillera de Alborz, en las proximidades de Teherán. Las imágenes y vídeos difundidos horas después del ataque mostraban grandes explosiones y nubes de escombros consistentes con el uso de munición de penetración profunda, diseñada precisamente para neutralizar instalaciones militares subterráneas o semienterradas en roca maciza. La destrucción o degradación de esta base, que alberga capacidades balísticas de medio y largo alcance, habría sido una prioridad en cualquier planificación operativa, dado que desde allí podrían lanzarse misiles contra Israel, bases estadounidenses en la región o incluso objetivos en Europa.

Otro vector de la campaña apuntó directamente al corazón del mando militar iraní. Según una fuente cercana al establishment político de Teherán citada por el corresponsal de seguridad nacional de Reuters, Phil Stewart, varios altos comandantes de los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) y funcionarios políticos de primer nivel perdieron la vida durante los ataques conjuntos. Si se confirman, estas bajas en el liderazgo militar iraní representarían uno de los golpes más severos infligidos al aparato de mando del régimen desde el asesinato del general Qasem Soleimani en 2020, y situarían esta operación en una categoría estratégica cualitativamente diferente.

"

Varios altos comandantes del IRGC y funcionarios políticos de primer nivel habrían perdido la vida durante los ataques conjuntos, según fuentes cercanas al establishment político de Teherán citadas por Reuters. Si se confirman, serían las bajas más significativas en el mando iraní desde el asesinato de Soleimani.

La campaña no se limitó al territorio iraní. Israel llevó a cabo un ataque con misiles contra posiciones de milicias respaldadas por Irán en Irak, en lo que los analistas interpretan como un esfuerzo deliberado por degradar las capacidades del denominado 'Eje de Resistencia' —la constelación de grupos paramilitares que Teherán financia, arma y entrena en toda la región— antes de que pudieran activarse para ejecutar represalias. El uso del misil Blue Sparrow, un sistema balístico aire-tierra de medio alcance desarrollado por la industria de defensa israelí, fue documentado a través de los restos recuperados en territorio iraquí. Este misil, diseñado originalmente para simular amenazas balísticas en ejercicios de defensa aérea, ha sido adaptado para misiones ofensivas de precisión.

El frente interno iraní: fisuras en el régimen

La presión militar externa coincide con una situación interna iraní de creciente fragilidad. En paralelo a los ataques del 28 de febrero, cinco grupos políticos kurdos del Kurdistán iraní anunciaron la formación de la Coalición de Fuerzas Políticas del Kurdistán Iraní (CFPKI), un frente unificado de oposición al gobierno de la República Islámica. La convergencia de estas organizaciones —históricamente divididas por diferencias ideológicas y rivalidades internas— bajo un paraguas común añade una capa de presión interna al régimen en un momento de máxima vulnerabilidad externa.

La formación de la CFPKI no es un fenómeno espontáneo. Refleja años de represión sistemática de las minorías étnicas en Irán y, más inmediatamente, el cálculo político de que las operaciones militares externas abren una ventana de oportunidad para presionar al régimen desde dentro. Las regiones de mayoría kurda en el noroeste de Irán han sido históricamente zonas de baja estabilidad para Teherán, y cualquier degradación de la capacidad operativa del IRGC —que históricamente ha sido el brazo ejecutor de la política de control interno— podría traducirse en un resurgimiento de la actividad de estos grupos en el terreno.

El escenario de un Irán presionado simultáneamente desde el exterior por la potencia militar de EEUU e Israel y desde el interior por movimientos de oposición étnica y política es el que más inquieta a los analistas de estabilidad regional. Un régimen acorralado tiende a radicalizar sus respuestas, y Teherán conserva palancas de escalada que todavía no ha activado plenamente: sus proxies en el Líbano —Hezbolá—, en Yemen —los Houthis— y en Gaza, así como su capacidad para interrumpir el tráfico naval en el Estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente el 20% del petróleo mundial.

Los actores secundarios: Rusia, China, Arabia Saudí y el Reino Unido

Ninguna crisis de esta magnitud puede analizarse aislando a sus protagonistas principales del ecosistema geopolítico más amplio en el que operan. Rusia ha apostado claramente por el bando iraní, sellando el acuerdo de armamento de diciembre de 2025 que representa el nivel más alto de cooperación militar entre Moscú y Teherán en décadas. Para el Kremlin, el debilitamiento del poder estadounidense en Oriente Medio —o la distracción que supone para Washington una guerra en la región— es un beneficio estratégico en sí mismo, independientemente de cualquier consideración ideológica sobre el régimen iraní. La pregunta que rodea al acuerdo de armamento ruso-iraní es si los sistemas entregados estaban ya operativos y si fueron capaces de interceptar parte de los ataques del 28 de febrero.

China, por su parte, mantiene una posición más ambigua. Pekín tiene intereses económicos de primer orden en Irán —es el mayor comprador de petróleo iraní y un inversor estratégico en infraestructura bajo el paraguas de la Ruta de la Seda— pero también mantiene una extensa red de relaciones comerciales con los países del Golfo árabe y no puede permitirse una ruptura con Occidente en el actual contexto de competición tecnológica y comercial. El gobierno chino ha llamado al diálogo y la desescalada, pero sin adoptar iniciativas concretas que pongan en riesgo sus relaciones con ninguna de las partes.

Arabia Saudí ocupa una posición particularmente delicada. Riad comparte con Israel el temor estratégico a una Irán nuclear y ha estado explorando discretamente una normalización de relaciones con Tel Aviv bajo el paraguas de los Acuerdos de Abraham. Al mismo tiempo, el reino wahhabí no puede ignorar la sensibilidad de su opinión pública y del mundo árabe ante la imagen de un ataque conjunto israelo-estadounidense en la región. El gobierno saudí ha mantenido silencio público, pero según fuentes diplomáticas, habría facilitado discretamente el acceso a su espacio aéreo para algunas de las operaciones. De confirmarse, sería un salto cualitativo en el alineamiento de Riad con el eje occidental.

El Reino Unido, aliado tradicional de EEUU en operaciones militares en la región, ha adoptado una postura más cautelosa que en episodios anteriores. Londres ha reiterado su apoyo al derecho de Israel a defenderse y ha expresado su preocupación por el programa nuclear iraní, pero no ha confirmado participación directa en las operaciones del 28 de febrero. La actitud británica refleja tanto las limitaciones presupuestarias de unas fuerzas armadas sometidas a años de recortes como la complejidad política interna de comprometerse abiertamente en otro conflicto en Oriente Medio sin el respaldo del Parlamento.

Dimensión tecnológica: la guerra de las armas avanzadas

La campaña militar del 28 de febrero no es solo un enfrentamiento entre estados, sino un campo de pruebas real para algunas de las tecnologías de defensa más avanzadas del mundo. Israel ha empleado el misil Blue Sparrow —documentado por los restos recuperados en Irak— en lo que parece ser un uso ofensivo de un sistema diseñado originalmente para simular blancos balísticos. Este tipo de reclasificación táctica de sistemas existentes es una constante en los conflictos modernos y refleja la necesidad de las fuerzas armadas israelíes de mantener cierto grado de ambigüedad sobre sus capacidades reales.

En el plano defensivo, la evacuación de la flota civil israelí sugiere que Tel Aviv anticipa ataques de represalia con misiles balísticos iraníes o drones capaces de alcanzar el territorio israelí. El sistema de defensa multicapa israelí —que combina el Iron Dome para amenazas de corto alcance, el David's Sling para amenazas de medio alcance y el Arrow-3 para misiles balísticos de largo alcance— será puesto a prueba como nunca antes si Irán responde con todo su arsenal balístico disponible. Estados Unidos ha desplegado también baterías Patriot PAC-3 adicionales en la región, tanto en Israel como en bases aliadas del Golfo, para complementar las capacidades defensivas israelíes.

Un elemento que merece atención especial es la inteligencia artificial aplicada a las operaciones militares. Aunque el conflicto específico EEUU-Irán-Israel no está directamente vinculado a la disputa entre el Pentágono y la empresa Anthropic, el contencioso sobre los límites del uso de IA en operaciones de combate —y en particular en sistemas de armas autónomas— adquiere una dimensión práctica en un conflicto de esta intensidad. El Departamento de Defensa ha apostado claramente por integrar capacidades de IA en su proceso de targeting, análisis de inteligencia en tiempo real y coordinación de sistemas de armas, y esa apuesta se está poniendo a prueba en las operaciones actuales. La negativa de Anthropic a permitir el uso irrestricto de su modelo Claude en aplicaciones militares, que culminó con su designación como 'riesgo en la cadena de suministro' por el secretario de Defensa Pete Hegseth, ilustra las tensiones éticas y estratégicas que rodean la militarización de la inteligencia artificial en un contexto de conflicto real.

En el plano de los sistemas navales autónomos, la entrega por parte de Israel Aerospace Industries (IAI) del primer submarino autónomo BlueWhale a la Armada alemana —en lo que fue una operación de cooperación industrial con la empresa Atlas, filial del grupo TKMS— señala la dirección en la que evoluciona la guerra naval. Aunque este sistema no está directamente involucrado en el conflicto iraní, su desarrollo ilustra el ritmo al que las principales potencias militares están invirtiendo en plataformas no tripuladas para operar en entornos de alta amenaza. Para la marina israelí, que opera submarinos convencionales de la clase Dolphin —también fabricados por TKMS— en el Mar Rojo y potencialmente en el Golfo Pérsico, la experiencia acumulada en sistemas autónomos puede resultar relevante en las fases sucesivas del conflicto.

Escenarios posibles: de la desescalada al conflicto regional

Con el inicio de las operaciones militares del 28 de febrero, el tablero estratégico de Oriente Medio ha entrado en una zona de incertidumbre sin precedentes en las últimas décadas. Los analistas de defensa contemplan varios escenarios posibles, ordenados de menor a mayor intensidad, que marcarán la evolución del conflicto en las próximas semanas y meses.

El primer escenario, que podríamos denominar de 'derrota rápida y rendición estratégica', contempla la posibilidad de que los ataques del 28 de febrero hayan degradado de forma tan severa las capacidades militares y el liderazgo iraní que el régimen se vea forzado a negociar en condiciones desfavorables. Este escenario requeriría la eliminación efectiva de un número suficiente de altos mandos del IRGC, la destrucción de los principales centros de comando y control, y la incapacitación de los sistemas de misiles balísticos que constituyen la principal amenaza de represalia. Aunque los informes sobre bajas en el liderazgo iraní son prometedores desde el punto de vista israelí-estadounidense, la historia de Oriente Medio invita a la cautela: los regímenes con estructuras descentralizadas y alta ideologización tienden a mantener su capacidad de resistencia incluso bajo presión extrema.

El segundo escenario es el de una 'guerra de desgaste prolongada'. Irán activa a sus proxies regionales de forma coordinada —Hezbolá desde el Líbano, milicias iraquíes desde territorio iraquí, Houthis desde Yemen— obligando a Israel y EEUU a dispersar sus capacidades defensivas en múltiples frentes simultáneos. Este es el escenario que más temen los planificadores militares en Tel Aviv y en el CENTCOM (Central Command), porque convierte una operación de objetivos limitados en una guerra de gran intensidad con múltiples vectores de amenaza. La evacuación preventiva de aeronaves civiles israelíes sugiere que este escenario está siendo considerado como altamente probable.

El tercer escenario, el más grave, implicaría una escalada hacia el cierre del Estrecho de Ormuz por parte de las fuerzas navales iraníes y los Guardianes de la Revolución. Con aproximadamente el 20% del suministro mundial de petróleo transitando por ese paso marítimo, cualquier interrupción del tráfico tendría consecuencias económicas globales inmediatas: disparada de los precios del crudo, presión sobre economías importadoras de energía en Europa y Asia, y una crisis de suministro que podría escalar tensiones políticas en múltiples capitales simultáneamente. La Quinta Flota estadounidense con base en Baréin y los grupos de ataque de portaaviones desplegados constituyen un elemento disuasorio frente a este escenario, pero no pueden descartarse operaciones de denegación de acceso por parte de Irán utilizando minas, lanchas rápidas y misiles antibuque.

El cuarto escenario contempla la posibilidad de que Irán, ante la magnitud del golpe recibido, opte por negociar bajo presión. Esta vía requiere la supervivencia de interlocutores con suficiente autoridad dentro del régimen y la existencia de una vía diplomática creíble que permita a Teherán guardar las apariencias. El papel de Omán —que ya ha mediado en rondas previas— y potencialmente de China, que mantiene canales de comunicación con Irán, podría ser determinante. Para que este escenario prospere, EEUU e Israel tendrían que estar dispuestos a ofrecer algún tipo de 'salida honrosa' al régimen iraní, algo que la retórica actual de ambos gobiernos hace difícil de imaginar en el corto plazo.

El quinto y más preocupante escenario involucra la posibilidad, hasta ahora no contemplada públicamente, de que el régimen iraní decida activar lo que algunos analistas denominan la 'opción nuclear de último recurso': acelerar la producción de suficiente material fisionable para construir uno o varios dispositivos nucleares rudimentarios como elemento de disuasión de emergencia. Aunque los ataques contra Fordow, Natanz y otras instalaciones en junio de 2025 habrían retrasado significativamente el programa nuclear iraní, la destrucción total de las capacidades de enriquecimiento nunca fue confirmada oficialmente. Si Teherán percibe que su supervivencia como régimen está en juego, la racionalidad estratégica convencional deja de ser una guía fiable para predecir su comportamiento.

"

Si Teherán percibe que su supervivencia como régimen está en juego, la racionalidad estratégica convencional deja de ser una guía fiable para predecir su comportamiento. El escenario de una aceleración nuclear iraní como disuasión de emergencia no puede descartarse.

La comunidad internacional observa con alarma creciente la velocidad a la que se están sucediendo los acontecimientos. La ONU ha convocado una sesión de emergencia del Consejo de Seguridad, aunque las posibilidades de que ese foro produzca resultados concretos son limitadas dado el veto ruso —y posiblemente chino— a cualquier resolución que respalde las acciones estadounidenses e israelíes. La Unión Europea, que ha mantenido durante años una política de compromiso diplomático con Irán dentro del marco del JCPOA —el acuerdo nuclear de 2015—, se encuentra en una posición especialmente incómoda: sus miembros más atlantistas apoyan en privado el objetivo de impedir que Irán adquiera armas nucleares, pero ningún gobierno europeo está en posición de respaldar abiertamente una guerra no sancionada por el Consejo de Seguridad.

Para Israel, la campaña en curso representa la materialización de una doctrina estratégica que el gobierno de Netanyahu ha sostenido durante años: que el programa nuclear iraní constituye una amenaza existencial para el Estado judío y que ningún proceso diplomático será capaz de resolverla de forma permanente. El primer ministro Netanyahu ha construido gran parte de su legado político en torno a esta tesis, y la participación directa de EEUU bajo la administración Trump le permite actuar con una cobertura internacional y una capacidad militar combinada sin precedentes en la historia del Estado de Israel. La pregunta que muchos israelíes se hacen en privado es si el precio de esta campaña —en términos de represalias sobre el territorio israelí y de aislamiento diplomático— resultará asumible para una sociedad que lleva años viviendo bajo la tensión del conflicto.

El 28 de febrero de 2026 marca, en cualquier caso, un punto de no retorno. La larga guerra en las sombras entre Israel e Irán —librada durante décadas a través de asesinatos selectivos, sabotajes de centrifugadoras, operaciones de ciberguerra y apoyo a proxies— ha cruzado el umbral hacia una confrontación directa con participación estadounidense abierta. Las implicaciones de este salto cualitativo tardarán años en comprenderse plenamente, pero sus efectos inmediatos se medirán en las próximas horas y días: en las imágenes de misiles cruzando el cielo nocturno sobre Teherán, en los reportes sobre actividad de Hezbolá en la frontera norte de Israel, en el precio del barril de petróleo en los mercados internacionales, y en las decisiones que se tomarán en las salas de crisis de Washington, Moscú, Pekín y Riad mientras el mundo contiene la respiración.

Comentarios (0)

0/1000
2 + 9 = ?

Sé el primero en comentar este artículo.