El 20 de febrero de 2026, el portaaviones USS Gerald R. Ford cruzó el estrecho de Gibraltar y entró en el Mediterráneo oriental. Su llegada estableció una presencia de dos grupos de combate de portaaviones en la región — junto al USS Abraham Lincoln, ya desplegado —, algo que no se veía desde los preparativos de la invasión de Irak en 2003. No es una coincidencia. Es un mensaje. Y el destinatario es Teherán.


El orden de batalla: una fuerza abrumadora
Las imágenes de satélite y las fuentes abiertas permiten reconstruir la magnitud del despliegue. Solo en la base aérea de Muwaffaq Salti, en Jordania, se han identificado 18 cazabombarderos F-15E Strike Eagle, 18 cazas furtivos F-35A Lightning II, 12 F-16 Fighting Falcon, 6 aviones de guerra electrónica EA-18G Growler y 2 drones MQ-9 Reaper. A esto se suman los escuadrones de F/A-18 Super Hornet embarcados en ambos portaaviones, cazas de superioridad aérea F-22 Raptor y aviones AWACS de alerta temprana.
En el componente naval, múltiples destructores equipados con misiles de crucero Tomahawk completan un arco de fuego que cubre desde el Mediterráneo oriental hasta el Mar Arábigo. No se trata de una mera demostración de fuerza: es una arquitectura de ataque completa, capaz de ejecutar una campaña aérea sostenida contra las instalaciones nucleares y militares iraníes.
"Trump afirmó que la decisión sobre Irán llegaría «probablemente en los próximos diez días». Un ex agente de la CIA citado por Bild sugirió que los ataques podrían producirse tan pronto como el 23 o 24 de febrero.
¿Cómo sería un ataque?
Un ataque estadounidense contra Irán seguiría previsiblemente el patrón de las campañas aéreas modernas. La primera oleada consistiría en misiles de crucero Tomahawk lanzados desde destructores y submarinos, diseñados para saturar y destruir las defensas antiaéreas iraníes. Los aviones de guerra electrónica EA-18G Growler cegarían simultáneamente los radares enemigos.
La segunda fase emplearía los F-35A furtivos para penetrar el espacio aéreo iraní y atacar objetivos estratégicos: instalaciones nucleares como Natanz y Fordow, centros de mando, fábricas de misiles y bases de la Guardia Revolucionaria. Los F-15E, con su enorme capacidad de carga, llevarían las bombas penetradoras GBU-28, capaces de atravesar metros de hormigón reforzado para alcanzar las centrifugadoras enterradas bajo tierra.
Sin embargo, hay un problema operativo crítico. Las instalaciones nucleares iraníes más sensibles — especialmente Fordow, enterrada 80 metros bajo roca sólida dentro de una montaña — están diseñadas para resistir precisamente este tipo de ataques. Incluso la GBU-57 Massive Ordnance Penetrator, la bomba convencional más grande del arsenal estadounidense, tendría dificultades para alcanzar esas profundidades. Irán ha dedicado meses a reforzar estas instalaciones y trasladar activos críticos a ubicaciones más profundas.
La ruptura con Londres: cuando un aliado dice no
En un giro que ha sacudido la relación transatlántica, el primer ministro británico Keir Starmer ha bloqueado el uso de la base aérea de RAF Fairford, en Inglaterra, y de la isla de Diego García, en el Océano Índico, para cualquier operación militar contra Irán. La razón oficial: preocupaciones sobre la responsabilidad jurídica internacional del Reino Unido en caso de participar en un ataque que podría considerarse ilegal.
La decisión tiene consecuencias operativas enormes. RAF Fairford alberga la flota de bombarderos pesados de EEUU en Europa: los B-2 Spirit furtivos y los B-52 Stratofortress. Diego García es la principal base de proyección de fuerza estadounidense en el Océano Índico, desde donde se han lanzado operaciones contra Afganistán, Irak y objetivos en toda la región. Perder el acceso a ambas bases obliga al Pentágono a rediseñar la campaña aérea sobre la marcha.
"Trump respondió retirando el apoyo de EEUU al acuerdo de soberanía sobre las islas Chagos, calificándolo de «un gran error». La represalia fue inmediata y directa.
La respuesta de Trump fue tan rápida como reveladora: retiró el apoyo estadounidense al acuerdo de transferencia de soberanía de las islas Chagos — donde se encuentra Diego García — entre el Reino Unido y Mauricio, calificándolo de «un gran error». Es una represalia diplomática que vincula directamente la cooperación militar con las concesiones territoriales. Un aliado de los Five Eyes diciendo «no» a Estados Unidos en una operación militar de esta envergadura no tiene precedentes recientes.
La postura de Irán: preparados para sangrar
Irán no se ha quedado quieto. Durante meses, la República Islámica ha reforzado sus instalaciones nucleares, reconstruido fábricas de producción de misiles y trasladado activos críticos a búnkeres más profundos. El líder supremo Alí Jamenei advirtió que Estados Unidos «puede recibir un golpe del que no se recupere». El portavoz del Ministerio de Exteriores iraní declaró que cualquier ataque estadounidense, incluidos ataques limitados, se consideraría un «acto de agresión» que activaría la legítima defensa.
Los analistas occidentales detectan un cambio de mentalidad en Teherán. Tras años de ataques israelíes contra activos iraníes en Siria y el asesinato de figuras clave como Qasem Soleimani e Ismail Haniyeh, los líderes iraníes habrían llegado a la conclusión de que «la única forma de romper este ciclo de bombardeos requiere hacer sangre», según expertos citados por medios occidentales. Irán dispone de un arsenal de misiles balísticos capaz de alcanzar todas las bases estadounidenses en la región, así como una red de milicias proxy en Irak, Siria, Yemen y Líbano.
Los escenarios de escalada
El escenario más contenido — ataques quirúrgicos limitados contra instalaciones nucleares — ya de por sí desencadenaría una respuesta iraní. Teherán ha prometido que no distinguirá entre un ataque limitado y una agresión total. Esto abre la puerta a una cascada de represalias: ataques con misiles contra bases estadounidenses en Qatar, Bahréin, Kuwait y los Emiratos; activación de milicias en Irak y Siria contra personal estadounidense; lanzamiento de misiles hutíes desde Yemen contra el tráfico marítimo; y el cierre parcial o total del estrecho de Ormuz, por donde transita el 20% del petróleo mundial.
Una escalada de este tipo tendría consecuencias económicas globales inmediatas. Los precios del petróleo, que ya han subido un 8% desde el inicio de la crisis, podrían dispararse por encima de los 120 dólares el barril. Las rutas comerciales por el Mar Rojo y el Golfo Pérsico, ya tensionadas por los ataques hutíes del último año, quedarían efectivamente cerradas. Europa, que importa una parte significativa de su energía a través de estas rutas, sería especialmente vulnerable.
La vía diplomática: ¿última oportunidad?
En paralelo al despliegue militar, una segunda ronda de conversaciones indirectas entre EEUU e Irán concluyó en Suiza bajo mediación omaní, sin resultados tangibles. Una tercera ronda está programada para el jueves en Ginebra, pero Washington no ha confirmado su asistencia. La pregunta clave es si el despliegue militar es coerción diseñada para forzar un acuerdo — como hizo Nixon con los bombardeos de Vietnam para presionar en París — o una preparación genuina para la guerra.
Existen señales contradictorias. Por un lado, la escala del despliegue supera con creces lo necesario para una mera demostración de fuerza. Por otro, Trump ha empleado históricamente la amenaza militar como herramienta de negociación — recordemos la crisis con Corea del Norte en 2017, que terminó en cumbre diplomática. La diferencia es que en 2026, la infraestructura militar ya está posicionada para atacar, y las ventanas políticas para dar marcha atrás se estrechan cada día.
España en el punto de mira
España no es un espectador neutral en esta crisis. Las bases de Rota y Morón de la Frontera son piezas clave de la infraestructura militar estadounidense en Europa. Rota alberga cuatro destructores Aegis del escudo antimisiles de la OTAN, y Morón ha servido como plataforma de despliegue rápido para operaciones en África y Oriente Medio. Si el conflicto escala, ambas instalaciones podrían verse involucradas en la cadena logística de una campaña contra Irán.
A nivel energético, España importa aproximadamente el 5% de su petróleo de Irán y países del Golfo a través de rutas que pasarían por zonas de conflicto. Un cierre del estrecho de Ormuz o una interrupción prolongada del tráfico por el Mar Rojo tendría un impacto directo en los precios de la energía y, por extensión, en la inflación y la economía española.
El precipicio
La última vez que Estados Unidos concentró una fuerza de esta magnitud en Oriente Medio, invadió Irak. Aquella guerra duró ocho años, costó billones de dólares, dejó cientos de miles de muertos y desestabilizó toda la región durante décadas. Irán es un adversario de una escala completamente diferente: más grande, más poblado, más armado y con una profundidad estratégica que Irak nunca tuvo.
Los próximos días determinarán si febrero de 2026 se recuerda como el mes en que la diplomacia coercitiva funcionó o como el preludio de la mayor guerra en Oriente Medio en una generación. Los portaaviones ya están en posición. Los cazas ya están en sus hangares. Los misiles ya apuntan a sus objetivos. Solo falta una orden.
"La última vez que EEUU concentró una fuerza así en Oriente Medio, invadió Irak. Irán es un adversario de una escala completamente diferente.


