La guerra que el mundo temía ya está aquí. En la madrugada del 17 de marzo, columnas blindadas israelíes cruzaron la frontera con el Líbano en lo que el gobierno de Netanyahu ha calificado como una «operación limitada» contra Hezbolá. Pero no hay nada limitado en lo que está ocurriendo. Tanques Merkava, infantería mecanizada y cobertura aérea masiva avanzan sobre el sur del Líbano mientras más de un millón de civiles huyen hacia el norte en una catástrofe humanitaria que supera ya la de 2006. La Operación Furia Épica, que cumple su decimoctavo día, ha dejado de ser una campaña contra Irán para convertirse en una guerra regional en toda regla.

La INVASIÓN terrestre: tanques israelíes cruzan la frontera
Las Fuerzas de Defensa de Israel (FDI) desplegaron al menos tres divisiones blindadas a lo largo de la frontera libanesa. La 36ª División Acorazada penetró por el eje de Naqoura, en la costa mediterránea, mientras la 162ª División avanzó hacia Marjayún y la 98ª División de paracaidistas se lanzó sobre posiciones de Hezbolá en el valle de la Bekaa occidental. Los primeros combates se registraron apenas minutos después de cruzar la Línea Azul, la frontera reconocida por Naciones Unidas. Israel justificó la operación como una respuesta a los continuos lanzamientos de cohetes contra Haifa y la Galilea desde el inicio de Furia Épica.
El despliegue terrestre fue precedido por 72 horas de bombardeos aéreos sin precedentes sobre el sur del Líbano y los suburbios meridionales de Beirut, el bastión tradicional de Hezbolá conocido como Dahiyeh. Según fuentes del Pentágono, la Fuerza Aérea israelí ejecutó más de 3.000 salidas en esas tres jornadas, destruyendo túneles, depósitos de armas y centros de mando. Pero los analistas militares advierten que Hezbolá lleva dos décadas preparándose para exactamente este escenario: una invasión terrestre israelí en su territorio, donde el grupo chií ha construido una red de fortificaciones subterráneas que haría palidecer las de Hamás en Gaza.

HEZBOLÁ contraataca: emboscadas en tres ciudades
Hezbolá no tardó en responder. Apenas las primeras columnas israelíes entraron en territorio libanés, los milicianos chiíes lanzaron emboscadas coordinadas en al menos tres localidades fronterizas: Aita al-Shaab, Khiam y Bint Jbeil, esta última escenario de una de las batallas más sangrientas de la guerra de 2006. Misiles antitanque Kornet de fabricación rusa impactaron contra varios Merkava IV, y vídeos difundidos por la cadena Al-Manar mostraron al menos dos vehículos blindados israelíes en llamas. El secretario general adjunto de Hezbolá, Naim Qassem, declaró que «el sur del Líbano será el cementerio del ejército sionista».
La resistencia de Hezbolá ha sido más feroz de lo que los planificadores militares israelíes anticipaban públicamente. El grupo posee un arsenal estimado en 150.000 cohetes y misiles de diverso alcance, incluyendo los Fateh-110 iraníes capaces de alcanzar Tel Aviv con precisión. Además, sus combatientes veteranos, muchos de ellos curtidos en la guerra civil siria luchando junto a las fuerzas de Assad, conocen el terreno palmo a palmo. Las FDI reconocieron las primeras bajas en combate terrestre: al menos 12 soldados muertos y 45 heridos en las primeras 24 horas de la incursión, cifras que el ejército israelí intentó minimizar pero que filtraciones a la prensa hebrea confirmaron.
"«Lo que comenzó como una operación quirúrgica contra Irán se ha transformado en una guerra abierta en dos frentes. Israel combate ahora en Líbano y bajo una lluvia de misiles iraníes. La escalada que todos temían ya es una realidad.»
Ali LARIJANI eliminado: IRÁN pierde a su líder de facto
Mientras los tanques avanzaban en Líbano, Israel asestó un golpe devastador al corazón del régimen iraní. Ali Larijani, secretario del Consejo Supremo de Seguridad Nacional de Irán y considerado el líder de facto de la política exterior y militar del país, fue eliminado en un ataque aéreo quirúrgico. Junto a él cayó también un alto comandante de las fuerzas Basij, la milicia paramilitar del régimen. Teherán confirmó las muertes horas después con un comunicado en el que prometió una «respuesta apocalíptica» contra el «régimen sionista y sus patrocinadores estadounidenses».
La eliminación de Larijani representa el golpe más significativo contra la cúpula iraní desde el asesinato del general Qasem Soleimani por un dron estadounidense en enero de 2020. Larijani no era solo un funcionario: era el arquitecto de la estrategia regional de Irán, el hombre que coordinaba las relaciones con Hezbolá, las milicias iraquíes, los hutíes de Yemen y Hamás. Su muerte deja un vacío de poder que podría provocar tanto una radicalización de la respuesta iraní como luchas internas dentro del régimen. Los servicios de inteligencia occidentales creen que fue localizado gracias a información proporcionada por agentes del Mossad infiltrados en la estructura de seguridad iraní.
MISILES iraníes sobre Tel Aviv: la represalia no se detiene
La respuesta de Irán no se hizo esperar. En la madrugada del 18 de marzo, la Guardia Revolucionaria lanzó una andanada de misiles balísticos contra el centro de Israel. A diferencia de ataques anteriores, dirigidos principalmente contra bases militares, esta vez los objetivos fueron zonas urbanas de Tel Aviv y sus alrededores. El sistema Iron Dome interceptó la mayoría de los proyectiles, pero al menos tres misiles impactaron en zonas residenciales del área metropolitana, causando daños materiales significativos y sembrando el pánico entre la población civil. Las sirenas de alarma sonaron durante más de 40 minutos en todo el centro del país.
El ataque iraní marca una escalada cualitativa sin precedentes. Mientras que en abril de 2024 Irán lanzó más de 300 drones y misiles que fueron interceptados casi en su totalidad, esta vez Teherán empleó sus misiles balísticos más avanzados, incluidos los hipersónicos Fattah que pueden maniobrar en vuelo para evadir las defensas antimisiles. El Pentágono desplegó inmediatamente el destructor USS Carney con sistema Aegis en el Mediterráneo oriental y reforzó la batería THAAD instalada en Israel. Washington advirtió que cualquier ataque adicional contra población civil israelí tendría «consecuencias directas» para Irán, alimentando los temores de una intervención militar estadounidense a gran escala.

CRISIS humanitaria: un millón de desplazados
Pero más allá de las cifras militares, la verdadera catástrofe se mide en vidas civiles destrozadas. Más de un millón de libaneses han abandonado sus hogares en el sur del país, creando una crisis de refugiados que desborda la capacidad de respuesta de un Líbano ya devastado por años de colapso económico. Las carreteras hacia Beirut y el norte están colapsadas por columnas interminables de familias que huyen con lo puesto. ACNUR ha calificado la situación de «emergencia de nivel 3», el máximo en su escala, y ha pedido 500 millones de dólares de ayuda urgente que nadie parece dispuesto a aportar.
Las cifras de víctimas mortales superan ya las 850, con más de 100 niños entre los muertos confirmados. Los hospitales del sur de Líbano han dejado de funcionar por falta de electricidad y suministros médicos. El hospital Dar al-Amal de Marjayún fue evacuado bajo fuego cuando un ataque aéreo impactó a 200 metros de sus instalaciones. Médicos Sin Fronteras denunció que sus equipos han sido forzados a retirarse de tres puntos de atención médica por los combates. La Cruz Roja libanesa opera con recursos mínimos, transportando heridos en vehículos civiles porque varias de sus ambulancias fueron alcanzadas por la metralla. El secretario general de la ONU, António Guterres, exigió un alto el fuego inmediato, pero sus palabras cayeron en el vacío.
Europa y la OTAN se dividen ante la ESCALADA
La comunidad internacional asiste dividida y en gran medida impotente al estallido de este nuevo frente. Cinco líderes mundiales —los primeros ministros de Canadá, Francia, Alemania, Italia y Reino Unido— emitieron un comunicado conjunto advirtiendo a Israel contra la invasión del Líbano y pidiendo moderación. «Una operación terrestre en el Líbano no traerá seguridad a Israel sino que desestabilizará toda la región», afirmaron. Pero el comunicado llegó tarde: las tropas ya estaban dentro del territorio libanés cuando se hizo público. Washington, por su parte, mantuvo un silencio calculado, limitándose a reiterar «el derecho de Israel a la autodefensa».
En el seno de la OTAN, la división es cada vez más profunda. Mientras que los países del flanco sur —España, Italia, Grecia— piden una postura firme contra la escalada por el impacto directo que tendría en el Mediterráneo y en los flujos migratorios, los países del este, centrados en la amenaza rusa, ven la crisis de Oriente Medio como una distracción peligrosa. Turquía, miembro de la OTAN y potencia regional, ha retirado a su embajador en Israel y Erdogan ha comparado a Netanyahu con «los dictadores más sanguinarios de la historia». El precio del petróleo se ha disparado un 18% en una semana ante la perspectiva de un cierre del Estrecho de Ormuz, por donde transita el 20% del crudo mundial.
"«Una operación terrestre en el Líbano no traerá seguridad a Israel sino que desestabilizará toda la región y provocará una catástrofe humanitaria de proporciones impredecibles.» — Comunicado conjunto de Canadá, Francia, Alemania, Italia y Reino Unido
¿Hacia una GUERRA regional total?
El mapa de Oriente Medio arde como no lo hacía desde la Guerra de Irak en 2003. Israel combate en Líbano, intercambia misiles con Irán y mantiene operaciones en Gaza. Los hutíes de Yemen siguen atacando el tráfico marítimo en el Mar Rojo. Las milicias proiraníes de Irak hostigaban las bases estadounidenses incluso antes de Furia Épica. Y ahora, con la invasión terrestre del Líbano y la eliminación de Larijani, todos los actores del «Eje de la Resistencia» iraní tienen razones para escalar. La pregunta ya no es si el conflicto se regionalizará, porque ya lo ha hecho. La pregunta es si puede volverse global.
Los próximos días serán determinantes. Si Israel logra establecer una zona de seguridad en el sur del Líbano y neutralizar la capacidad de Hezbolá para lanzar cohetes contra Haifa y la Galilea, Netanyahu podría declarar la misión cumplida y negociar desde una posición de fuerza. Pero la historia del Líbano no invita al optimismo: la invasión israelí de 1982 pretendía durar semanas y se convirtió en una ocupación de 18 años que parió al propio Hezbolá. En Washington, el Pentágono ya elabora planes de contingencia para una intervención directa si Irán ataca bases estadounidenses o intenta cerrar el Estrecho de Ormuz. El mundo contiene la respiración mientras el reloj de la escalada sigue avanzando, y cada hora que pasa hace más difícil encontrar una salida que no pase por la destrucción.









