Cada vez que un sistema Patriot derriba un dron Shahed-136 sobre el Golfo Pérsico, se queman entre 3 y 4 millones de dólares para neutralizar un artefacto que Irán produce por menos de 20.000. En el teatro del conflicto iraní, esta ecuación se repite decenas de veces al día. La defensa pierde dinero con cada intercepción.

"Irán puede fabricar mil drones por el precio de un solo misil Patriot. Europa está financiando su propio agotamiento.
Una asimetría diseñada para agotar a Occidente
Los Houthi aplicaron esta estrategia durante años en el Mar Rojo, obligando a destructores de la US Navy a vaciar sus polvorines contra drones de reconversión civil. Irán aprendió la lección y la ha escalado. En los primeros cinco días del conflicto, el gasto aliado en munición antiaérea equivale al presupuesto anual de defensa de Bélgica.

Para Europa el problema es existencial. Los países de la OTAN en el flanco este —Polonia, los Bálticos, Rumanía— han invertido en Patriot y NASAMS que enfrentarían exactamente este dilema ante un ataque ruso de saturación. Las reservas de misiles son limitadas y los plazos de fabricación se miden en años, no en semanas.
La respuesta europea: necesaria, tardía e insuficiente
La solución pasa por tres vías complementarias: cañones de alta cadencia guiados por IA como el Rheinmetall Skyranger 30, láseres de alta energía para intercepción de bajo coste, y guerra electrónica ofensiva capaz de neutralizar los sistemas de navegación de los drones antes de que alcancen su objetivo.
Alemania amplía la producción del IRIS-T, Francia apuesta por el SAMP/T Mamba, pero los plazos son de años. La UE y la OTAN llevan desde 2022 hablando de una economía de guerra que en la práctica apenas ha arrancado. Irán está pasando la factura antes de que Europa haya pagado la matrícula.
"La autonomía estratégica europea no es solo política industrial: es la única garantía de no depender de arsenales americanos que también se están agotando.

